Amalia: Una mujer digna y firme

A los 73 años de edad falleció Amalia Simoni Argilagos en La Habana,  un día como hoy, 23 de enero de 1918. Nació en Puerto Príncipe, Camagüey, el 10 de junio de 1842. Era la mayor de las dos hijas del matrimonio formado por el médico José Ramón Simoni y Manuela Argilagos.

Homenaje a Amalia Simoni

Había pedido que la enterraran junto a su padre en el Cementerio de Camagüey, cerca de donde podría estar su amado Ignacio, cuyas cenizas debieron ser esparcidas en el camposanto por orden de las autoridades españolas, según reza la leyenda popular.

Amalia recibió una esmerada educación. Era una joven muy bella, culta y encantadora. Dominaba tres idiomas. Tomó lecciones de música. Perfeccionó sus estudios de piano en Roma, París y Florencia. Su padre, Don José Ramón Simoni, contaba con una inmensa fortuna. Precisamente tras regresar a Camagüey en la década de 1860, después de cinco años en el extranjero, Amalia conoce a Ignacio e inician el noviazgo.

Luchadora independentista. Esposa del patriota cubano Ignacio Agramonte con quien se casó en la parroquia de Nuestra Señora de la Soledad el 1 de agosto de 1868.

Las virtudes de Amalia Simoni Argilagos, su amor a toda prueba, su patriotismo, y su fidelidad, son eternas; porque como un día le dijera a Herminia, la hija que Ignacio no conoció: “No se podía amar más…”

Lejos de Cuba, primero emigrada en México y luego en Nueva York, la noticia de la muerte de su idolatrado Ignacio, el 11 de mayo de 1873, sorprende a Amalia en la ciudad de Mérida.

Debajo de la almohada, al morir aquel patético día, guardaba las cartas de su amado Ignacio: Ni el tiempo ha podido borrar de los sentimientos de los camagüeyanos ese encantamiento amoroso, ese eterno y mágico amor entre Amalia e Ignacio, como música esparcida por el viento.

El 1 de diciembre de 1991, en el aniversario 123 de su incorporación a la manigua, se cumple la voluntad de Amalia, y los restos, trasladados desde la capital cubana hasta su Camagüey natal, acompañados por Vilma Espín.

En esa ocasión memorable, cuando los camagüeyanos sintieron que asistían al verdadero sepelio de Amalia y al que no tuvo Agramonte; también, la Quinta Simoni, totalmente restaurada, se convierte en Casa de la Mujer Camagüeyana.

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