Mujeres sobre la vía

A proposito del  Día del Ferroviario, el próximo 29 de enero consideramos oportuno conversar con Olga Lidia, la jefa de la distante estación ferroviaria de Palo Seco, quien llegó aquí hace diez años y lo primero que hizo fue buscar la historia para saber dónde y con quién estaba.

Desde 1902 en los planos de la compañía norteamericana se había dispuesto un apartadero ferroviario en terrenos de la finca Palo Seco, distante apenas una legua al Norte de Guáimaro, la principal población del territorio. El apeadero tenía la ventaja de hallarse en un centro de haciendas ganaderas que, maltrechas entonces por la marea de la guerra, y por tanto vulnerables a la presencia del capital foráneo, luchaban por su recuperación.

Toda esta historia me la contó Olga Lidia una tarde, sentados en un banco de la estación de Palo Seco. Ella fue, buscó un par de hojas de papel escritas a lápiz y me dijo: “cuando llegué lo primero que hice fue averiguar la historia del pueblo. Tener la memoria de por qué somos. Uno siempre tiene que saber dónde está”.

Pero sucede que Olga Lidia Camacho Hernández vive a unos doce kilómetros de distancia, en Martí. Como diariamente pasan trenes para uno u otro lado por Palo Seco, todos los días ella, que es la jefa de estación, tiene que recorrer esos doce kilómetros para llegar puntual al nudo ferroviario en viajes de ida y vuelta, sin excusas y a como dé lugar.

“Primero estuve de operadora de movimiento de trenes en el propio Martí y desde hace diez años soy jefa de estación en Palo Seco”.

¿Qué hace un jefe de estación?

—Ser responsable.

¿Dónde está la mejor experiencia?

—En la unidad de este colectivo.

¿Tu principal aspiración en los ferrocarriles?

—Manejar una locomotora.

¿No hay miedo?

—No me parece.

UNA VÍA CERTIFICADA

La atención de Olga Lidia para la seguridad ferroviaria va mucho más allá del puñado de metros cuadrados que ocupa la sólida estación de Palo Seco, mucho más de hasta donde su mirada alcanza. Alrededor de 26 kilómetros se encuentran a su cargo, todos los que sobre el ferrocarril distan entre Martí y Bartle, incluyendo alcantarillas, ganado en la vía, reparaciones de tramos, drenajes y cualquier tipo de obstrucción.

Al colectivo de esta estación, cuya tarea como se ve no es sólo contemplativa, se debe, junto con la cuadrilla de reparaciones que transita, evitar accidentes, demoras e insuficiencias en un tramo de primer orden para el Ferrocarril Central de Cuba.

“Por eso es que desde hace mucho nuestro recorrido está limpio y por tanto no hay orden de precaución. Esa es una buena calificación porque significa seguridad y garantiza nuestro trabajo, aunque aquí nadie se confía”.

A través de la puerta de la cabina de las operadoras nos han llegado voces y llamadas telefónicas. Así ha sido toda la mañana, pero para este momento el espacio comienza a activarse. Ojo con eso. Desde el Oeste viene un tren de carga. En un par de minutos desemboca, cerca de un kilómetro, por la curva que hay a la vuelta del paso a nivel en la carretera que pasa por Palo Seco rumbo a la costa. Cuando como trueno de primavera se rompe el silencio y retumba in crescendo la tierra, ya el convoy está casi sobre nosotros. Cruza veloz por nuestro lado y va a perderse por la cuesta donde se unen las paralelas infinitas.

Otra vez, luego del fragor, el silencio y de vez en vez el intercambio de información telefónica desde la cabina encristalada de la operadora vigilante. Así ha sido por mucho tiempo.

CUANDO LAS COSAS NO SON FÁCILES

Seis mujeres trabajan en la estación de trenes de Palo Seco y entre ellas me permito incluir una historia más en la leyenda de este colectivo. La de las operadoras Magali Iznaga Arbolae y Niurka Álvarez Iznaga, quienes durante los ciclones del 2008 permanecieron en la estación, que es punto seguro de evacuación del poblado para, sin abandonar las líneas de comunicación, atender a las familias allí concentradas.

Afuera, en los jardines del entorno, nada hace recordar aquel desasosiego de huracanes. Hoy los árboles entre arbustos y flores dan una especie de postal al pequeño mundo de la estación, mientras que el mismo edificio acentúa su limpia presencia.

“Pero no vaya a creer que todas las cosas son tan fáciles como parecen, —dice Olga Lidia—, cualquier iniciativa, cualquier acción, si de verdad la quieres, hay que lucharla, y mucho. Ahora construimos un parque”.

Y sí, allí está talado y quemado el marabú que inundaba una parcela al otro lado del camino. Y hay un busto de Martí con su pedestal que rescataron de una vieja escuela. Cuando al filo del mediodía llegamos a la estación, todos esos hombres y mujeres se encontraban envueltos y tiznados en la tarea de su visión del parquecillo sencillo y humilde, pero martiano, así que debimos pedirles un tiempo para reordenar las escenas, conversar, tirar fotos y darnos una idea de dónde y con quién estamos.

Tal vez por estas sencillas razones de cumplir con el deber cotidiano, de siempre estar haciendo; por ser tenaces, incansables, unidos, eficientes y cumplidores; por la identidad del colectivo con su centro de trabajo, la estación de Palo Seco fue seleccionada sede de la reunión de los Servicios Generales del Ferrocarril como parte de las actividades por el Día del Trabajador de ese sector, el próximo 27 de enero.

¿QUÉ ES MÁS DIFÍCIL QUE MANEJAR UN TREN?

Allí en el jardín, a la entrada del edificio hay una gran piedra. Sobre ella se ha escrito “Seguimos demostrando que trabajamos por la vergüenza ferroviaria”. Eso está muy claro en la piedra, pero…

¿Qué haces cuando no estás en la estación de Palo Seco?

—Pues entonces estoy en la Circunscripción 83, del Consejo Popular Martí, de donde soy delegada hace diez años. Esa fue un área muy dañada en la pasada temporada ciclónica, pero con un buen nivel de recuperación. Además pertenezco a la Comisión de Viviendas en el territorio.

—Esas son otras y más responsabilidades. ¿Será más difícil que manejar un tren?

—Más difícil que manejar un tren. Hay que poner mucho de pasión con el entorno y las personas. Conversar, convencer, razonar. Demostrar haciendo y sobre todo, plantar toda la pasión que puedas en lo que haces.

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