Ser miembro de la FMC es para Susana un Honor

Tal vez en Cuba no haya muchas administradoras como Susana Pardo Rodríguez, que cada mañana, a las seis, llega a su tienda de estímulo El Ganadero y limpia todo el local para que a las ocho, cuando sus trabajadoras pronuncien los mejores buenos días a los clientes, la unidad ofrezca la imagen reluciente que los reporteros apreciaron al momento de la entrevista, ya al borde de la tarde.

A la vuelta de unos cuantos agostos, ella se recuerda a sí misma en aquella muchacha de 14 años que ingresó a la Federación: “Desde mi niñez ocupé responsabilidades en los Pioneros, en la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media (FEEM); entonces me acogí a esta organización de mujeres, ingresé siendo militante de la Juventud Comunista, a la cual había entrado también con 14 años. Asumí la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) como el espacio que me permitiría participar profundamente en la sociedad”.


Su caso es otra evidencia de que el activismo comunitario pudiera heredarse. “Cuando era una niña —explica—, y existían las brigadas Mariana Grajales, creadas al triunfo de la Revolución, yo trabajaba como una federada más. Tengo mucho que agradecer a mi mamá por encaminarme en estas labores; yo me iba con ella los domingos a hacer cualquier cosa en la agricultura. Quizás por eso, a los dos meses de entrar en la organización ya tenía responsabilidades”.


En todo este tiempo sus vecinas le han confiado tareas, tanto a nivel de delegación como de bloque. Entre tantos años de iniciativas desde la base para estimular la participación de la mujer, Susana recuerda los largos días de inicio del período especial que pusieron a prueba el ingenio y la solidaridad.


“Recuerdo que en el año ‘91 vivía en Vista Bella y allí celebrábamos mensualmente el cumpleaños colectivo de las federadas y cada vivienda aportaba algo para la canasta; la Federación siempre ha sido así. Hasta teníamos un álbum para guardar esas memorias”.


—En su almanaque de afectos, ¿cómo guarda a la FMC?


—Es el nombre de la Medalla que me dieron y que yo veo como el compromiso de ser mejor. Es la fecha de la Federación y ocupa un lugar muy importante en mi vida. Imagínate, la FMC nos ha aportado a todas más cercanía a la igualdad de la mujer.

Susana Pardo Rodríguez, pasó a formar parte  del Libro de Honor de la Mujer Camagüeyana. Nada de ficción ni de personajes secundarios: ella es protagonistas real de una historia que ya suma decenas de heroísmos cotidianos asentados en ese Libro.


—¿Es muy duro para una cuadro de la FMC no tener hija hembra que formar?


—Bueno, no logré el sueño de una hija para transmitirle las cosas que me enseñó mi mamá, pero de todos modos me queda el trabajo que hacemos con las jóvenes para garantizar nuestra continuidad en la formación de la nueva generación. Lo más lindo que tengo es mi trabajo, por eso le he dedicado tanto amor.


Procedente del MININT, esta mujer comenzó un buen día a trabajar para los agropecuarios y en su tránsito de esfuerzos cosecha la condición de delegada al VIII Congreso del Sindicato de los Agropecuarios y Forestales, el nombramiento en nueve ocasiones como Vanguardia Nacional y un puesto como miembro no profesional del secretariado de la FMC en el municipio de Camagüey. Sin embargo, sus recuerdos favoritos parecen ser los de su participación como delegada en el VIII Congreso de la FMC, donde apreció la voluntad de adecuar los estilos y métodos a esta época y engrosar las filas con más jóvenes revolucionarias.


—¿Qué es lo más valioso que la Federación puede ofrecer a las muchachas de hoy para estimularlas a crecer?


—Si supieras; lo más valioso es una exhortación: que en el trabajo, en el amor, en la vida, sigan el ejemplo de Vilma.


Al frente de su colectivo de dos hombres y seis mujeres, Susana es una jefa en extremo sencilla, que comparte los sueños de nuestra provincia, en tanto sólo pretende ser ella misma cada día un poco mejor.


En el Libro quedará en una línea. Pero quien se adentre en su nombre la verá fuera de la jornada laboral criando gallinas para otros. Quien tenga ojos limpios para apreciar, hallará de cuerpo entero a una administradora sin humos de gloria en la cabeza, una mujer convencida de que el ejemplo personal más grande se da trabajando.

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